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Y el deseo quedó atrapado
en el recuerdo de la redes de tu boca.
Mis labios cercanos a los tuyos
ansiaban rozar la piel de tus labios.
Y como danza de mariposas locas
el deseo aumentabas en el cauce
del hueco de tu boca.
Respiraba tu aire, suspiraba tu aliento,
mientras mis dedos acariciaban la comisura
que rodeaba el perfil de tu boca.
Y mi mirada se perdía en tu mirada.
Y tu mirada se perdía en la mía.
Éramos como dos ciervos
en época de celo.
Berreábamos nuestro deseo
que desaforado recorría nuestros cuerpos.
Lavas de volcán por nuestras venas,
subiendo, bajando, bajando y subiendo.
Hasta perderse en el murmullo de la unión,
de dos cuerpos deseosos de amor.
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